Rusia es una democracia joven, no una democracia controlada

El “evidente triunfo” de Vladímir Putin en las elecciones presidenciales de marzo de 2012 permitirá “consolidar una Rusia con fronteras estables y seguras” y confirmarán “un arduo proceso científico-tecnológico de modernización y el afianzamiento de un multilateralismo no eurocéntrico”. Esta afirmación le pertenece al politólogo argentino Juan Recce, candidato a Doctor en Ciencias Sociales y Master en Defensa Nacional. Ha realizado cursos de estrategia internacional en diversos países y ejerce la docencia en universidades y en instituciones militares argentinas. Rusia Hoy tuvo oportunidad de dialogar con él a propósito de la realidad política rusa.
Rusia es una democracia joven, no una democracia controlada
Politólogo argentino Juan Recce el Foro Político Global de Yaroslavl. Foto del archivo personal

Recce agregó que “el modelo ruso propicia una gran estabilidad en la conducta del Estado pues la conjunción es total, pero arriesga quitarle a las instituciones el rol de polea crítica de transmisión de demandas sociales”.

El politólogo fue, además, el único participante argentino en el Foro Político Global que se llevó a cabo en la antigua ciudad rusa de Yaroslavl en septiembre pasado y en el que el presidente Dmitri Medvédev se refirió a la necesidad de encontrar un balance mundial de fuerzas e intereses.

 

Rusia Hoy: ¿Participaste en el Foro Político Global de Yaroslavl como académico?

Juan Recce: Si, son esas gratas sorpresas que a veces nos depara el mundo de la investigación académica. A través de distintos proyectos de investigación en el campo social y de las relaciones internacionales, tuve la fortuna de forjar amistad intelectual con dos miembros de la Academia Rusa de Ciencias. El profesor Víctor Krasílschikov, quien vio nacer el debate de sobre la Plasticidad del Mundo Social, y el profesor Vladislav Inozemtsev, Director Académico del Foro de Yaroslavl, con quien discutimos a menudo sobre los procesos de transformación de la sociedad y la economía, en función de las implicancias de estos procesos en Eurasia y América Latina. El foro nació en 2009 y desde entonces nunca había habido una voz latinoamericana en las discusiones. Así fue que me invitaron. Fue una gran responsabilidad participar acercando mundos, me sentí profundamente honrado de llevar Sudamérica al corazón del debate euroasiático.

 

¿Qué es lo que más te impresionó, en el plano político, en ese Foro?

Sin lugar a dudas, la gran pluralidad de los debates. Yaroslavl ha logrado rápidamente ser un espacio de discusión valido donde repensar los asuntos globales sin ideas rectoras que condicionen el discurso. Se puede decir que lo más representativo del nuevo multilateralismo, el multilateralismo pos-occidental, estaba allí reunido, discutiendo a la par con el viejo multilateralismo (aquel del modelo OCDE-NATO-Davos) los desafíos de la agenda internacional contemporánea. Resulta históricamente aleccionador ver cómo el viejo poder global discute y reformula a la par del nuevo poder emergente, el concepto del orden mundial, de Estado y diversidad. Así de dinámico es el péndulo de la historia.

 

¿Qué opinión te formaste de la vida política rusa?

Durante el foro entendí por primera vez de manera práctica la diferencia entre una elite y el establishment. Recuerdo que en una oportunidad, mientras escuchaba en Buenos Aires a un alto funcionario del servicio exterior ruso en un panel académico, este interrumpió su disertación y se puso de pie para estrechar la mano de alguien que ingresaba al salón. Ante nuestro sorprendido silencio, el disertante se disculpó diciendo: “Este es un miembro de la verdadera elite argentina”. Ninguno de los que estábamos allí lo conocíamos pero él sí. Atesoré esa anécdota, que nada tenía que ver con los conceptos teóricos del italiano Gaetano Mosca o de su connacional Vilfredo Paretto. Un tiempo después, en Yaroslavl entendí qué era una elite para aquel señor.

 

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¿Es posible decir que en Rusia hay una actividad partidaria ya estructurada?

Rusia es un país donde el diálogo político se gesta intra-elite, no inter-establishments. Creo que la formalidad de la democracia es un baluarte importante que las administraciones de Putin y Medvédev han logrado preservar muy hábilmente en estos últimos años. Rusia podría ser una autocracia formal y no lo es. Es una federación, con un sistema representativo complejo, con múltiples niveles de gestión del poder territorial. Charles de Gaulle decía sobre su Francia “¿Quién puede gobernar un país con 246 clases de queso?” Una gran hiperextensión estratégica, dotada de una gran diversidad etno-lingüística, se constituye en una fortaleza y en una debilidad permanente. Los cupos de discriminación positiva al interior de las repúblicas federadas más etno-culturalmente diversas hablan un poco de este desafío. Tal vez en ese plano se gesta una vida partidaria representativa totalmente diferente a la que tienen lugar en la federación total.  

 

¿Rusia puede definirse como una democracia controlada? ¿Qué comentario te merece el sistema de elección de gobernadores y otros cargos, dirigido desde el Kremlin?

Creo que Rusia es una democracia joven, no una democracia controlada. Las sociedades y su historia siempre deben estar presentes como elementos de exégesis, al momento de intentar catalogar o comparar sus instituciones con las de otros países. Pensemos en primer lugar que Rusia no solo fue un imperio, sino también un Estado socialista con un sistema de partido único. La historia deja fuertes huellas en las instituciones. Durante su discurso en el Foro, el presidente Medvédev subrayó la firme intención de su partido de construir un Estado democrático. Creo que esa afirmación encierra a un mismo tiempo un diagnostico y un rumbo estratégico. Once husos horarios y un centenar de grupos étnicos dan el marco explicativo de ese proceso lento de decantación democrática.

 

¿La alternancia en el poder de Putin y Medvédev es el resultado de carencias democráticas o simplemente de un sistema totalitario o autocrático?

Así son los sistemas representativos. Cuando el electorado decide que un liderazgo no tiene sustituto, el problema no es del líder ni del mercado consumidor electoral sino de las otras alternativas. No se pueden establecer cupos para líderes que no aglutinan ni lideran. Es difícil pero el desafío de reinventarse en política solo puede empezar por uno mismo, no se le puede exigir a los partidos fuertes que ayuden a los débiles a armar sus agendas políticas y sus plataformas. Este es un fenómeno de época que sucede también en otros lugares del mundo.

 

¿Qué se puede esperar de las próximas elecciones parlamentarias, en diciembre de este año?

Creo que Rusia Unida va a conservar una cómoda mayoría en el parlamento, frente a una oposición atomizada.

 

¿Qué se puede esperar si en marzo de 2010 Putin es reelecto presidente?

Una profundización del intento por consolidar una Rusia con fronteras estables y seguras. Un arduo proceso de modernización científico tecnológico y un afianzamiento de un multilateralismo no eurocéntrico. 

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