Campaña antitabaco
Antón Majrov, Rusia Hoy
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legislación rusa ha sido muy liberal en este sentido. Uno podía fumar prácticamente siempre y en cualquier sitio, mientras que las limitaciones de venta de tabaco establecidas eran infringidas sistemáticamente por los empresarios. Ahora, los médicos prevén una reforma radical. Sus principales argumentos son los datos estadísticos. Según los cálculos de la Organización Mundial de la Salud, actualmente en Rusia los fumadores constituyen el 40% de la población. En comparación, en Reino Unido este índice alcanza el 34%, en la Argentina algo más del 15% y en Brasil, algo más del 17%. Respecto al número absoluto de cigarrillos consumidos, Rusia ocupa el 4º puesto en el mundo (con un consumo mundial de alrededor de 400 mil millones de cigarrillos) y sólo es superada en este sentido por China, la India e Indonesia, países que tienen un número de habitantes mucho más elevado. También hay que tener en cuenta que el tabaco en Rusia es mucho más accesible que en Europa. Un paquete de cigarrillos que en Europa sale 4 euros, a un ruso le cuesta tan sólo un euro.
Según los datos del Ministerio de Sanidad y Desarrollo Social, las enfermedades relacionadas con el consumo de tabaco matan anualmente 400 mil rusos y es para la salvación de estas vidas que el ministerio ha proclamado el objetivo principal de la reforma. En 2013 los cigarrillos desaparecerán por completo de los kioscos callejeros y sólo se venderán en grandes tiendas. Incluso allí su presencia se va a hacer mucho menos visible: las vitrinas de tabaco serán sustituidas por unas simples listas de marcas y precios. Se prevé que desde 2014 estará completamente prohibido fumar en las estaciones de trenes y en los aeropuertos, así como en las paradas del transporte público. Desaparecerán por completo las zonas de fumadores en bares y restaurantes. Para salir a fumar al portal de un edificio de viviendas habrá que obtener una autorización por escrito de todos los propietarios. Por cierto, estas limitaciones se aplicarán no sólo a los cigarrillos, sino también a todos los productos que contienen nicotina, incluidas las pipas turcas, rapé y tabaco de masticar (para los detalles véase la ilustración).
En la elaboración del proyecto participaron los especialistas del Centro Estatal de Medicina Profiláctica bajo la dirección de Galina Máslennikova. Según sus cálculos, la aplicación de las nuevas normas ayudará a reducir un 10-15% el consumo de tabaco entre la población adulta, disminuyendo la mortandad en un 10%. El Servicio Federal para el Control en el Ámbito de la Defensa de los Derechos del Consumidor y el Bienestar Humano (Rospotrebnadzor) está de acuerdo con los médicos. “Es una ley que nuestro país necesita urgentemente”, declaró en una reciente rueda de prensa la dirección del organismo que encabeza Guennadi Oníshchenko.
Las encuestas llevadas a cabo este verano demostraron que el 70% de los respondientes está de acuerdo con el proyecto de ley a grandes rasgos, incluso es bastante alto el porcentaje de los fumadores encuestados que ven esta iniciativa como positiva (alrededor del 41%). Sin embargo, en lo que se refiere a las cláusulas concretas ya no se muestran tan convencidos. En particular, dudan de la importancia del factor del precio: el 55% afirmó que incluso si un paquete de cigarrillos llegara a costar el doble, esto no les haría dejar de fumar.
Las grandes empresas tabacaleras han reaccionado ante la iniciativa del Ministerio de Sanidad con una tranquilidad envidiable. Han pasado por este tipo de reformas en la mayoría de los países europeos y la práctica ha demostrado que estas campañas antitabaco no dan el golpe de gracia a su negocio. Sin embargo, los que se manifestaron en contra del proyecto del Ministerio de Sanidad fueron los representantes de la pequeña y mediana empresa: los propietarios de los kioscos callejeros. “El Estado se dedica a quitarnos los artículos que vendemos”, comenta indignado Alexéi Kanevski, de la asociación de empresarios “Los Pilares de Rusia”. “El alcohol y el tabaco son los artículos más vendidos. En realidad, el resto de las cosas no hace más que formar una especie de surtido de artículos que acompaña a este tipo de productos. Los cigarrillos constituyen el 50% de la facturación en los pequeños negocios”.
Los partidarios de la reforma responden que los problemas de un negocio basado en la venta de este tipo de artículos no tienen por qué interesar al Estado. “Se acabó la época en la que la borrachera y el tabaco servían de justificación para el desarrollo de la economía rusa”, señala Dmitri Yanin, presidente de la Confederación Internacional de Sociedades de Consumidores. “Si la pequeña empresa rusa se mantiene por la venta de cerveza y cigarrillos a menores, la transformación de este negocio no hará más que favorecer a la economía rusa. Que se hagan más grandes o cambien de sector”.
Sin embargo, los argumentos de los adversarios de la reforma no se reducen al daño a la pequeña y mediana empresa. En los años 80, cuando las autoridades intentaron limitar la venta de alcohol, el mercado se llenó de productos falsificados. Serguéi Smirnov, director del Instituto de Política Social de la Escuela Superior de Economía, teme que esta historia se repita. “No solo se trata de la importación ilegal de cigarrillos desde China, sino de la aparición de microfábricas ilegales, con un producto que no responde a ningún tipo de estándares”, explica Smirnov. “Es algo que ya ha pasado con el alcohol y sin duda alguna ocurrirá con el tabaco, cuya fabricación es aún más sencilla”, explica el experto.


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